Uriel Mansilla tiene 12 años y quiere volver a la escuela. Vive con sus padres en La Calera, una zona rural ubicada a 11 kilómetros de Alberdi, y pasa sus días entre la casa, sus primos, sus juguetes y los animales. Tiene caballos, pollos y chanchos. También guarda autos de colección y ayuda a su mamá con las tareas que puede hacer.

“Estoy muy contento y quiero volver”, contó Uriel sobre la posibilidad de comenzar finalmente la secundaria. Durante este tiempo extrañó “las materias y a los chicos”. En su casa aprendió a reconocer las primeras letras en Braille con una tabla de cartón que preparó su mamá. “Es difícil. Todavía me está costando un poco, pero todos los días voy aprendiendo”, explicó.

Su historia escolar quedó atravesada por un problema de salud que comenzó hace cuatro años. Su mamá, Noelia Rearte, contó que a Uriel le detectaron un tumor en la cabeza y que, con el tiempo, perdió la visión. Hace aproximadamente dos años quedó completamente ciego. Desde entonces mantiene controles en el Hospital del Niño Jesús y también viaja cada seis meses al Hospital Garrahan, en Buenos Aires.

Al principio recibió acompañamiento de maestras domiciliarias. Después, por su estado de salud y por recomendación médica, continuó la primaria de manera virtual. A través de videollamadas, audios, archivos y tareas logró terminar ese nivel el año pasado. Este año debía comenzar la secundaria, pero no pudo hacerlo porque los tratamientos y controles volvieron a ocupar el centro de la rutina familiar. Estuvo dos años lejos de las aulas convencionales y de sus compañeros.

Una tabla casera

Mientras Uriel permanecía en su casa, Noelia buscó una forma de acercarlo al Braille. Miró tutoriales en internet, copió las letras y sus combinaciones de puntos y fabricó una tabla de cartón para que su hijo pudiera practicar. “Me las ingenié para hacerle una tabla de Braille en un ratito”, relató. Uriel todavía confunde algunas combinaciones, pero practica con ese material y con lo que aprendió en algunas asistencias a la Escuela Luis Braille de San Miguel de Tucumán.

La situación cambió después de que un video sobre su historia se viralizara. Viviana Nasir, directora de Educación Especial de la Provincia, informó que el equipo de discapacidad visual intervino junto con la escuela Luis Braille y que Uriel ya es alumno de la Escuela Agrotécnica Juan Bautista Alberdi. La institución recibió asesoramiento y capacitación, y el niño tendrá una docente de apoyo y las configuraciones necesarias para su trayectoria escolar.

PRIMEROS PASOS. Uriel aprende Braille con la herramienta creada por su mamá.

Cómo será el regreso

Félix Paz, director de la escuela Luis Braille, explicó que una docente de Educación Especial trabajará sobre los apoyos y las adaptaciones que Uriel necesite para acceder a los mismos contenidos que sus compañeros. Además del acompañamiento directo, el trabajo también alcanza a la comunidad educativa que lo recibirá. Paz explicó que el personal docente y no docente de la institución ya recibió una capacitación con pautas pedagógicas y de accesibilidad. Allí se abordaron cuestiones como la forma de guiar a una persona ciega dentro del establecimiento, los recorridos por los distintos espacios y las herramientas que necesitará para participar de las clases con mayor autonomía.

El punto de partida es particular porque el niño aprendió a leer y escribir antes de perder la visión. “Él ya había aprendido a leer y escribir antes de perder la visión. Por eso ahora el Braille funciona como un código alternativo que debe incorporar”, explicó Paz.

El aprendizaje se apoyará en el reconocimiento táctil de los puntos. Además, mientras incorpora el Braille, utilizará herramientas tecnológicas para no quedar condicionado por los tiempos de ese proceso. Paz señaló que podrá trabajar con computadora, celular y lectores de pantalla que convierten en voz los textos, consignas y archivos.

Para el director, el celular también puede tener un lugar central dentro del aula. Puede servir para grabar clases, escuchar materiales y acceder a documentos. El niño ya cuenta con teléfono y computadora, y se preparan los programas de accesibilidad necesarios.

Después de meses en los que la salud marcó sus tiempos, Uriel se prepara con alegría para ocupar otra vez un lugar dentro de un aula. “Me siento bien y quiero volver”, resumió.